La Ermita de Santa Ana, un mirador privilegiado

«Colina de Santa Ana, Molino, Fortín, Ermita y antigua atalaya desde la que se alertaba al pueblo de Chiclana de los ataques vikingos y moriscos. Rompiente del Levante y del Poniente, Blanca Paloma para los barcos de la mar, Rosa de los Vientos».

Así luce la inscripción que preside el cerro de Santa Ana, donde se encuentra la ermita del mismo nombre, un lugar de peregrinación y culto en Chiclana y que cuenta con un gran arraigo entre los chiclaneros.

Privilegiado mirador, desde el que podremos contemplar Chiclana en sus 360 grados, se ha convertido en la principal referencia de la localidad y en todo un símbolo, siendo su ermita uno de los lugares más fotografiados.

El acceso se localiza en la calle Agustín Blázquez, desde donde nos adentraremos al parque que rodea el entorno de Santa Ana. Una empinada rampa nos conducirá en apenas unos minutos a la zona alta, donde se encuentra la propia ermita y un espectacular mirador, que ha sido catalogado como uno de los siete puntos mágicos con que cuenta Chiclana.

La ermita fue una obra que se encargó al arquitecto Torcuato Cayón de la Vega y que se construyó entre 1772 y 1774. Desde entonces, su entorno ha visto desde las tradicionales meriendas de verano durante el siglo XIX hasta convertirse en testigo directo de la Guerra de la Independencia, con el asedio al que se vio sometida la localidad.

Hoy en día es posible visitar el parque los siete días de la semana, mientras que la ermita abre sus puertas sólo los martes de 8:30 a 14:30 y de 15:30 a 21.00 horas.